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miércoles, 31 de marzo de 2010

AMARTE...de María de la Cruz Díaz




LEÍDO por ROSA IGLESIAS




AMARTE





Amarte me hizo ser fuerte,
entender la riqueza de mi centro
y la capacidad de tolerar los abruptos
que el tiempo,
nos fue colocando en el camino.
Amarte, me hizo amar todo
lo que alrededor tuyo había,
tus logros y tus sueños,
tus virtudes y defectos,
las personas que son parte
y razón de tu vida.
Amarte me llevó a buscar los medios
para que la felicidad sea tu inquilina,
llené de locuras tus días,
siendo la hormiga laboriosa
la que ni el dolor la desfallecía
y fuí el hombro y el pecho
para cuando el agobio se reflejaba
en tus mejillas.
Amarte me reclinó a tu lecho
y conocí el universo de tu sentimiento,
al mismo tiempo que sentiste el mío.
Jamás un me perteneces o eres mío
porque ya el destino jugó ese camino.
Nosotros simplemente vivimos
el sentir más puro de esta tierra,
porque yo buscaba tu alegría,
y tu buscabas ser la mía.
Amarte no será nunca facil
porque el amor es esfuerzo,
es desapego aunque suene a blasfemo,
saber dar sin esperar lo mismo,
quizás el vivir contigo
siempre sea una quimera,
pero sabes que mi mano limpia
estará por encima de toda ofensa.
Amarte hoy me llena de tristeza
pero sé que mañana
este amor volverá a ser el mismo
porque ya sentí su fuerza
en más de una caída.
Amarte,
sólo tú y yo sabemos
cuánto ha costado entenderlo...



María de la Cruz Díaz

.

lunes, 8 de marzo de 2010

DESNUDOS...de María de la Cruz Díaz




LEÍDO por ROSA IGLESIAS




DESNUDOS





Desnudos, sin rubor alguno,
las prendas estorban
al entregar todo lo puro.

Desnudos,
de la miseria que se anida
en la fuerza de la materia…

Desnudo, así te amo,
sin equipaje, ni peaje.

¡Trae tus manos que arden
dame ese beso que calcina toda queja!

No hay palabra más sonora
que el grito de las pieles al tocarse,
no hay poema más hermoso
que tu mirada y la mía en la entrega…

¡Desnudos!

No somos dos simples cuerpos…
Es tu espíritu y el mío
vistiéndose de alegría,
bebiendo de la savia que le da vida…

Dejando en las sábanas los temblores,
el mar de nuestra agonía...



María de la Cruz Díaz