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domingo, 1 de julio de 2012

EN TU VOZ de Carmen Sáiz Neupaver


 

                             LECTURA de ROSA IGLESIAS                                       

 


EN TU VOZ

A la poeta Rosa F. Iglesias




Levitan catedrales en tu voz
donde posa el asombro a sus cigüeñas
y los niños de todas las naciones
dejan al fin de padecer el mundo.
Ha debido colgarse de tus jarcias
la lucidez del lirio y de los arces
que rezan en la glotis, arbolados,
como oran en salmuera las olivas.
Hay un cántaro de tildes y asonancias
que retozan de gozo en el columpio
donde ponen sus nidos los acentos
y un velaje de hinojo empuña el bosque
soñado por la flor de sus umbelas.

Maniobras bajo el humo movedizo
con la garganta abierta hacia los puentes
un tántrico milagro de lactancia
que prospera en los tímpanos de golpe.
Si alguien pregunta, Rosa, qué perpetran
en la noche tus hélices vocales
no sé que contestaras. No lo sé.
Fermentan las hipótesis que brincan
en el pálpito a ras de los magnolios
y toda conjetura es un litigio
de salitre ladrándole a los pájaros.

No sé que respondieras si preguntan
qué gamuza de garzas escogió
a tu voz para cubrirla.

Qué paz para los peces
si el mar te oyera…


®M. Carmen Sáiz Neupaver



Música de Chopin - 

nocturne no.20 in c-sharp minor op.posth violin


miércoles, 9 de mayo de 2012

DE UN VERSO ABORTADO de Carmen Sáiz Neupaver



 

 LECTURA de ROSA IGLESIAS




DE UN VERSO ABORTADO





Se fecundó en la matriz de mis musas
como una orquídea de céltico talle,
y a bordo de los dedos me temblaba
la tentación de imaginar sus vientres
como asilos idílicos de música.

Aún su sombra frecuenta mi escritorio
de la misma manera en que la noche
suele rondarnos, descalza de voz.
Vine a sentirlo feto de una estrofa
pero nunca mis folios presenciaron
el parto deseable de aquél verso
pues, aun siendo mi pluma su placenta,
-orfanato de tinta musicada-
negué su alumbramiento al no escribirlo,
y aquello que no nace ni se escribe
acaba pernoctando entre lo oscuro.

Dialogan, pues, mis toldos con el vuelo
de las cigüeñas que, prestas, soñaron
conspirar en mis hojas con la vida.
Esta tarde mis dedos se resienten
sobre ese parador de extraño mundo
en el que a ciegas silban los tinteros.

Nada deja de ser como creía:
los delirios de un verso y sus fantasmas
son turbios pasajeros de uno mismo.

Y los hay como yo que hasta se asustan
de que alguien te resuma en un poema.


®M. Carmen Sáiz Neupaver


Música de ERIK SATIE