domingo, 23 de diciembre de 2012

TU SUEÑO de Ana Muela Sopeña






 TU SUEÑO







¿Quién alimenta tu sueño?
Los hombres ya se han ido,
han dejado la ciudad
mientras el tren del pánico
huye de la acedía.

Milenios alimentando sueños
de otros,
despojándote de ti
en la piel
de otros,
renunciando a tu luz
por el cuerpo
de otros,
eclipsando tu brillo
por el poder
de otros.

Ahora,
recoge las agendas,
entiérralas en la playa,
emerge de lo invisible
y toma al inframundo por el cuello
hasta destruirlo.

¿Quién alimenta tu sueño?
No son otros,
eres tú:
ahora
o
nunca...



Ana Muela Sopeña



lunes, 5 de noviembre de 2012

¿CÓMO RESISTIR? de Silvia Cuevas-Morales






   ¿CÓMO RESISTIR?


 



¿Cómo resistir
convertirse en roca
en hielo,
dejar de ser de carne
para no sentir,
ser muda para no gritar,
sorda y ciega
para no escuchar más mentiras
no ver más rostros hipócritas?
¿Cómo no ahogarme con la ira
y las lágrimas
ante este monstruo burocrático,
justicia injusta,
madre patria racista
que me niega la entrada?
¿De dónde sacar ánimo
para resistir la embestida,
el torero  que cada vez más me aniquila
con sus banderillas envenenadas,
con su caballo de dios falso
con su verónica que da alardes de fuerza
ante un toro que se tambalea
en medio del círculo vicioso de una lidia injusta?
¿Cómo sobrevivir cuando ya ganas no quedan,
cuando la esperanza es nula
y las verdades son falsas
y el camino se aletarga
en la infinita espera?
¿De dónde sacar paciencia
cuando todas las puertas se cierran?
¿Cómo resistir y seguir intentando
conseguir lo que tanto cuesta?
¿Cómo seguir luchando cuando armas
ya no quedan,
cuando el mundo poderoso
se mofa del perdedor
y la población de vencidos aumenta?
¿Cómo seguir luchando
cuando se seca el pozo de la paciencia?


Silvia Cuevas-Morales

martes, 3 de julio de 2012

LOS HERALDOS NEGROS de César Vallejo







TRES LECTURAS de ROSA IGLESIAS

 



LOS HERALDOS NEGROS






Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... ¡Yo no sé!

Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre... Pobre... pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!


CÉSAR VALLEJO



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domingo, 1 de julio de 2012

EN TU VOZ de Carmen Sáiz Neupaver


 

                             LECTURA de ROSA IGLESIAS                                       




EN TU VOZ

A la poeta Rosa F. Iglesias






Levitan catedrales en tu voz
donde posa el asombro a sus cigüeñas
y los niños de todas las naciones
dejan al fin de padecer el mundo.
Ha debido colgarse de tus jarcias
la lucidez del lirio y de los arces
que rezan en la glotis, arbolados,
como oran en salmuera las olivas.
Hay un cántaro de tildes y asonancias
que retozan de gozo en el columpio
donde ponen sus nidos los acentos
y un velaje de hinojo empuña el bosque
soñado por la flor de sus umbelas.

Maniobras bajo el humo movedizo
con la garganta abierta hacia los puentes
un tántrico milagro de lactancia
que prospera en los tímpanos de golpe.
Si alguien pregunta, Rosa, qué perpetran
en la noche tus hélices vocales
no sé que contestaras. No lo sé.
Fermentan las hipótesis que brincan
en el pálpito a ras de los magnolios
y toda conjetura es un litigio
de salitre ladrándole a los pájaros.

No sé que respondieras si preguntan
qué gamuza de garzas escogió
a tu voz para cubrirla.

Qué paz para los peces
si el mar te oyera…


®M. Carmen Sáiz Neupaver



Música de Ludwig van Beethoven




viernes, 29 de junio de 2012

DESENCUENTRO de Ana Muela Sopeña




Lectura y Vídeo de Rosa Iglesias



DESENCUENTRO





Nadie conoce a nadie en la selva del asfalto.
Descargan las máscaras
en poligamia de salivas.

Nadie conoce a nadie en los túneles del tiempo
y busco a los culpables
de esta expresión alucinante que me congela el universo.

Se arrastran por aceras con los velos
mujeres en estado de ebriedad.
Mas no han bebido nada en muchos meses,
tan sólo las palabras de marasmo.

Y miles de hombres vírgenes,
con cientos de experiencias
van reptando por las calles del olvido,
como seres aún dispersos
en caminos de reptiles.

Un desencuentro amable
se topa con las plazas del silencio.

Un mutismo sereno
conecta ojos con ojos
en clubes de streptease.

Las horas van pasando
en noches como ésta.

Ciudades monocordes
que deliran con sílabas.
Letreros luminosos avanzando en la niebla.

Nadie conoce a nadie,
a pesar de los viajes,
los e-mails y el teléfono.

Nadie conoce a nadie...

Nadie conoce a nadie...


Ana Muela Sopeña




jueves, 28 de junio de 2012

HAMBRE de Sagrario Hernández.




 

 LECTURA de ROSA IGLESIAS




HAMBRE





Bocas ávidas, hambrientas de pezones
oscuros: manantiales de vida.
Bocas. Miles, millones de pequeñas bocas
desdentadas, tiernas, luctuosas
ya en el primer albor de una sonrisa.
Bocas que no serán besadas
jamás por otras bocas,
que no pronunciarán
un nombre con dulzura,
que no repetirán la melodía
ancestral de su pueblo.
Bocas que no resistirán la primavera
porque habrán sucumbido
-inocentes-
antes de que un derecho,
natural y preciso,
las rescate en el tiempo.
Bocas aferrándose al llanto
como único recurso de alimento,
como único repudio del olvido;
porque no habrá otras bocas
que afirmen su existencia
trazándoles senderos de esperanza
por donde acuda un sueño
-sin dolor y sin moscas-
hasta la desazón de sus entrañas.
Bocas que son aniquiladas
ya antes del esbozo:
en el envite último del vientre
o en el primer aliento de un gemido.
Bocas que no llegan a ser ni tan siquiera
un número estadístico en un oscuro
archivo de oficina.
Bocas por las que llora el alma
de un escaso destino atormentado,
por las que gritan dioses
-pequeños, taciturnos-
sin poder y sin gloria.
Bocas que mueren sin saber
que hay un granero inmenso
para todas las bocas,
pero absurdo e inútil
cuando niega la mano
un puñado de vida
a aquellas que no cuadran el balance
que exige la lujuria;
más y sobre todo si esta
al extender su brazo,
asfixia hasta la luz del horizonte.
Bocas donde el labio es frontera
de un dolor injusto, terrible, innecesario.
Bocas que serán alimento
del cuervo o el gusano
antes de que tal vez la leche-madre
las haya humedecido.
Bocas, bocas, bocas, millones
de bocas invisibles
para el dormido ojo
del poder sin conciencia.
Bocas que no podrán
siquiera acusar sin palabras
a esas otras bocas
que las han condenado,
desde sus altas miras financieras,
a dormir en las fauces
de una muerte indigna.


Sagrario Hernández

(1er premio del XXIV Certámen Poético “Federico García Lorca”
del Centro Cultural del mismo nombre en Barcelona. 18 junio 2005.)


Música de Eleni Karaindrou


miércoles, 20 de junio de 2012

LA BLANCA PALOMA EN MI ALA de Rosa Iglesias




 LEÍDO por ROSA IGLESIAS





LA BLANCA PALOMA EN MI ALA





Oh...la blanca paloma en mi ala....

y... yo...como vertiente de sangre rosada
sin lecho que la traduzca mar a la fuente
y cual torcaz forajida en silencio
que arrastra entre torrenteras las alas,
voy

Oh paloma, duerme triste
entre naufragios tus vuelos

Tú fuiste...
el ala, la pluma ,
mi espíritu inocente yuntando luces al cielo

Tú... paloma...oh dime ángel
si entre los limites y los gélidos inviernos,
serás capaz de curarte en la llaga la fronda
que de tan profunda al sembrarla,
hoy...en su arraigo inmaduro ...ahonda

Oh paloma, mi bella, mi herida de malva blancura
si sabes de mí... o de ella,
de la Luz germinándose anchura, en esa calentura
de fragua de tan fragante misticidad y envoltura...
-con esos giros orbitales
de líneas sin vector ondulantes
por entre fronterizas y pertrechadas rojas mixturas-
dime...oh tú mi contrariada y amante brújula paloma,
si sabes de ella o de mí...o si acaso oiste hablar
de nosotras...
¿...adónde es que se extraviaron entre mordazas las alas
que de tan torcaces y hermosas fueron también amorosas...?

Oh ...ala paloma ...eras... la más,
la blanca ,
mas...aun sin ser la que eras... ya eres ...ahora...alma...
la más enamorada sin ser amada en pulcritud o en blancura,
la más amplia hechura sin vuelo curvándose hostil en la pluma,
la más oscura entre las noctámbulas opacadas albas
la más hermosa por integridad y soltura
ornando altiva la compostura
y la más talada paloma blanca
en la altura

Y ya vas planeando ambigua en la estrechez de tu angostura...ancha,
mientras armas poemas rotos con la doble agonía errante de la fractura,
revoloteando sin consuelo y solitaria, en aleros y sin aires clausurada,
con una tristeza en el nido y un soliloquio furtivo
alborotando preñez, en el ala



Rosa Iglesias ( a Irene Rojo )

MÚSICA : Adagio de ELENI KARAINDROU 



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lunes, 18 de junio de 2012

FADO NOCTURNO de Dolors Alberola




 
LEÍDO por ROSA IGLESIAS




FADO NOCTURNO




Meu amor, meu amor…

Al fondo de la noche
las tres velas bogando
como lunas ancladas.
Dulce Pontes lanzaba sus cristales,
las cintas de su voz, la melodía
contra las altas palmas que bailaban al viento.
Una humareda roja, azulándose, verde,
cambiando los tejidos y la danza
que, ancestral, era rito,
la memoria de brujas y druidas.

Ella estaba envolviéndose en la sombra,
meciéndose en el mar.
Alguien la amaba, pero sus ojos eran sombra,
sus manos eran vidrios anclados en la sombra,
su melena una cruz de maderas y sombra.
La sombra se elevaba
en su respiración, tenía nombre,
el silenciado nombre que se grita en la sombra.

Dulce Pontes llevaba en sus manos claveles,
un círculo de pétalos abriéndose,
envolviendo sus pies descalzos y ese fuego
de donde descendía, a llamas, la silueta
de aquel enamorado de la noche.
Dos ajorcas lucía en sus tobillos,
ajorcas con campanas,
diminutas campanas que iban sonando, que iban
deletreando la sombra, que sonaban, que iban
alzando su sonido entre el compás
de las agudas sílabas. El viento
erizaba la luz de las palmeras.

Ella tenía un nombre entre los ojos,
tenía un nombre ahí, en su caja de música,
tenía un nombre, aquel
con que la mar pronuncia sus espumas,
tenía el nombre exacto de las olas,
el de la oscura noche del silencio,
el del puñal de piedra
que se clava por siempre en la memoria.

Las volutas, la danza, la noche, cascabeles,
las palmas de la gente levantándose
en las horas tangentes a los sueños.
Danzaba Dulce Pontes, ella, sólo,
trenzaba en su interior
la delgada palabra de la hoguera,
la delgada palabra de lo atávico,
la delgada palabra del violín
que se iba convirtiendo
en el perfil amado de la sombra.
Danzaba la memoria,
mientras el escenario iba llagándose
de fuegos y la falda
moviendo el oleaje de aquel fado.

Los claveles caídos,
la madera cubriéndose de enigmas,
las velas agitándose,
una mujer de largos cabellos levantando
sus ojos a la sombra,
desnuda ya del tiempo, detenida,
quemada ya en el fuego,
palpitando en el agua,
cruzando ya los aires y dejando
la tierra de sus labios
contra aquel laberinto. Sólo el fado,
el fado que era un nido de metales,
el fado que era un río torrencial
en donde la humareda
se convertía en peces, en designios,
en turbulentas olas arrastrándola
de nuevo a la memoria.

Un pájaro cruzó la noche con un faro
de luz en cada ojo.
Pero sus ojos negros eran sombra,
su perfil era sombra que, abismándose,
llegaba hasta otros labios que eran, mudos,
el oscuro lugar
donde todo gritaba, en aquel fado
que traía memoria de druidas y brujas.

Meu amor, meu amor…

La voz de Dulce Pontes se apagaba
hasta instaurar el tacto de la sombra.


Dolors Alberola
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viernes, 15 de junio de 2012

PRIMAVERA AMARILLA de Juan Ramón Jiménez





  LECTURA de ROSA IGLESIAS



PRIMAVERA AMARILLA






Abril venía, lleno
todo de flores amarillas:
amarillo el arroyo,
amarillo el vallado, la colina,
el cementerio de los niños,
el huerto aquel, donde el amor vivía.

El sol ungía de amarillo el mundo,
con sus luces caídas;
¡ay, por los lirios áureos,
el agua de oro, tibia;
las amarillas mariposas
sobre las rosas amarillas!

Guirnaldas amarillas escalaban
los árboles; ¡el día
era una gracia perfumada de oro,
en un dorado despertar de vida!

Entre los huesos de los muertos
abría Dios sus manos amarillas


Juan Ramón Jiménez


Música de Joan Sebastián
( Guitarras de Luna)


jueves, 7 de junio de 2012

SIN ESPERA de Hilda Roccia





LECTURA de ROSA IGLESIAS





SIN ESPERA







Ni siquiera el ánfora sofocó tus duendes
de retazos,
ni el cuarto espejado se veló con el silencio.
La sinfonía creyó ser ausencia de otros tiempos
y el tiempo,
fue un lacayo soberbio del vocablo.
Nada percibí hasta que tu pluma sangró,
y sangró en aquel libro,
con versos de labios somnolientos.
Y fui química en tus betas de arrayanes
para acentuarme en los ramales con el grito.



Me abreviaste a tu cintura de bengala
cuando la luna de aluminio se lucía,
y si fui mujer y hiedra, no lo supe
porque precoz,
-sin anunciarse-
cayó a mi lado tu espíritu de árbol.
No esperé que se ahuyentaran
los soles cabriolados,
y te ligué a mi vientre de aventura.
El corazón se agitó, surgente púrpura,
como guarida indecente de sultanes.



Alud, la cosecha por parir…
y fuiste agosto,
en mi estuario de níquel escarlata





Hilda Roccia



Música de Astor Piazzola


miércoles, 9 de mayo de 2012

DE UN VERSO ABORTADO de Carmen Sáiz Neupaver



 

 LECTURA de ROSA IGLESIAS




DE UN VERSO ABORTADO





Se fecundó en la matriz de mis musas
como una orquídea de céltico talle,
y a bordo de los dedos me temblaba
la tentación de imaginar sus vientres
como asilos idílicos de música.

Aún su sombra frecuenta mi escritorio
de la misma manera en que la noche
suele rondarnos, descalza de voz.
Vine a sentirlo feto de una estrofa
pero nunca mis folios presenciaron
el parto deseable de aquél verso
pues, aun siendo mi pluma su placenta,
-orfanato de tinta musicada-
negué su alumbramiento al no escribirlo,
y aquello que no nace ni se escribe
acaba pernoctando entre lo oscuro.

Dialogan, pues, mis toldos con el vuelo
de las cigüeñas que, prestas, soñaron
conspirar en mis hojas con la vida.
Esta tarde mis dedos se resienten
sobre ese parador de extraño mundo
en el que a ciegas silban los tinteros.

Nada deja de ser como creía:
los delirios de un verso y sus fantasmas
son turbios pasajeros de uno mismo.

Y los hay como yo que hasta se asustan
de que alguien te resuma en un poema.


®M. Carmen Sáiz Neupaver


Música de ERIK SATIE



viernes, 4 de mayo de 2012

IN MEMORIAM de Maribel Nuñez Jiménez




LECTURA de ROSA IGLESIAS



IN MEMORIAM





Se volvió la tierra negra
sobre los rubios cabellos,
bramaron las almas
calmando su dolor;
mil manos eran viento,
mil dedos corazones
que volaron con él.
Ha muerto el sol extenuado
sobre la hierba verde;
¿En qué luna habitarás ahora
para cubrir los olivos
con un rayo de porcelana?
en el del recuerdo dicen,
pues, ¡cuán difícil será olvidar!.

Luz

Universo

Infinito

Siempre.



Maribel Nuñez Jiménez

miércoles, 18 de abril de 2012

LA CANCIÓN DESESPERADA de Pablo Neruda





LECTURA de ROSA IGLESIAS




LA CANCIÓN DESESPERADA





Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy.
El río anuda al mar su lamento obstinado.
Abandonado como los muelles en el alba.
Es la hora de partir, oh abandonado!
Sobre mi corazón llueven frías corolas.
Oh sentina de escombros, feroz cueva de náufragos!
En ti se acumularon las guerras y los vuelos.
De ti alzaron las alas los pájaros del canto.
Todo te lo tragaste, como la lejanía.
Como el mar, como el tiempo. Todo en ti fue naufragio !
Era la alegre hora del asalto y el beso.
La hora del estupor que ardía como un faro.
Ansiedad de piloto, furia de buzo ciego,
turbia embriaguez de amor, todo en ti fue naufragio!
En la infancia de niebla mi alma alada y herida.
Descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!
Te ceñiste al dolor, te agarraste al deseo.
Te tumbó la tristeza, todo en ti fue naufragio!
Hice retroceder la muralla de sombra.
anduve más allá del deseo y del acto.
Oh carne, carne mía, mujer que amé y perdí,
a ti en esta hora húmeda, evoco y hago canto.
Como un vaso albergaste la infinita ternura,
y el infinito olvido te trizó como a un vaso.
Era la negra, negra soledad de las islas,
y allí, mujer de amor, me acogieron tus brazos.
Era la sed y el hambre, y tú fuiste la fruta.
Era el duelo y las ruinas, y tú fuiste el milagro.
Ah mujer, no sé cómo pudiste contenerme
en la tierra de tu alma, y en la cruz de tus brazos!
Mi deseo de ti fue el más terrible y corto,
el más revuelto y ebrio, el más tirante y ávido.
Cementerio de besos, aún hay fuego en tus tumbas,
aún los racimos arden picoteados de pájaros.
Oh la boca mordida, oh los besados miembros,
oh los hambrientos dientes, oh los cuerpos trenzados.
Oh la cópula loca de esperanza y esfuerzo
en que nos anudamos y nos desesperamos.
Y la ternura, leve como el agua y la harina.
Y la palabra apenas comenzada en los labios.
Ese fue mi destino y en él viajó mi anhelo,
y en el cayó mi anhelo, todo en ti fue naufragio!
Oh sentina de escombros, en ti todo caía,
qué dolor no exprimiste, qué olas no te ahogaron.
De tumbo en tumbo aún llameaste y cantaste
de pie como un marino en la proa de un barco.
Aún floreciste en cantos, aún rompiste en corrientes.
Oh sentina de escombros, pozo abierto y amargo.
Pálido buzo ciego, desventurado hondero,
descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!
Es la hora de partir, la dura y fría hora
que la noche sujeta a todo horario.
El cinturón ruidoso del mar ciñe la costa.
Surgen frías estrellas, emigran negros pájaros.
Abandonado como los muelles en el alba.
Sólo la sombra trémula se retuerce en mis manos.
Ah más allá de todo. Ah más allá de todo.
Es la hora de partir. Oh abandonado.


Pablo Neruda

viernes, 16 de marzo de 2012

DESESPERO de Ángeles Asensio




LECTURA de ROSA IGLESIAS




DESESPERO







Tengo una pena prendida del alma
que me atosiga, me daña, me oprime...
es de amargura violenta y extraña,
¡un desconsuelo muy duro y sublime!

Cuanta negrura sembrada en el tiempo
para arrancar de tu amor este mío;
yo que te amé más que a mí, hoy me siento
como despojo que arrojas al río.

Soy esa hembra perdida y sin calma
con una herida tan honda que oprime,
tengo la hoguera que arde sin llama,
si no se apaga... ¿qué hago?, tú dime.

Cuantas ausencias -que ahora ya entiendo-
son la injusticia que avisa al destino,
te derramé tanto amor en el viento
que está de rosas sembrado el camino.

Puedes decir, qué no existe lo nuestro;
-y así olvidar lo que ya hemos vivido-
puedes jurar otra vez que no es cierto,
¡qué no es verdad lo que tú me has querido!

Pero esas noches preñadas de amores
cuando tus labios buscaban los míos,
y tantos nardos temblando en pasiones
fueron sembrando mi campo baldío…

Aquellas noches de fuego no ignores
que sé muy bien, que las llevas contigo.



de Ángeles Asensio




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miércoles, 7 de marzo de 2012

AMANECER PROHIBIDO de Rosa Iglesias




LECTURA de ROSA IGLESIAS



AMANECER PROHIBIDO






Como un sol arrugado por el peso del día,
en su órbita y sin libertad ..., tú : amanecer prohibido

No te alcanzan las luces de sus fuegos siderales,
no te colman de transparencia los inútiles vientos
que portan simientes de lucha a tu vida
Tú, imposible cosecha de alboradas entre pájaros muertos,
con una moribunda verdad sangrándote en las plumas

No, aún no es capaz, el hombre, de revivir lo que no ha muerto.
No puede levantar con sus manos los escombros de un derrumbe
que ni siquiera ha sido edificado en la idea

No. Nunca nadie pasó por aqui sin haber dejado antes, labrada,
la huella tiritante de su propio miedo, la agonia de su furia
sobre esta blanca razón de infatigable desdicha

Siendo ya , apenas , tú, la hoja que el aire sostiene
domesticada y dócil sobre su pecho,
soy yo , imbatible, el ojo que observa mudo y aterrado
la ingravidez oscilatoria de tu desnudez inquieta

Oh ... cuánta palabra llena, convirtiéndose en hueco,
a golpe de muerte con la impermeabilidad del vacío..

...Todo ésto sin fiebre,
pero con la ausencia irrefutable
de una promesa

Bórrame



Rosa Iglesias
24 febrero 2012

jueves, 23 de febrero de 2012

DECIDME PARA QUÉ ( Poema Móvil ) de Dolors Alberola





LECTURA de ROSA IGLESIAS




DECIDME PARA QUÉ ( Poema Móvil )





Decidme para qué tanto silencio
perenne, aquí, en los ojos.
Los ojos como pozos, como ventanas fijas,
como bloques sin puertas, como vasos.
Y me asomo y me miro
en el espejo roto de este pozo
y no veo nada,
y no oigo nada
en el cuajado silencio de la tarde.
Y no oigo nada, he dicho, no oigo nada
cuando asomo mi cara, aún dormida, a la ventana
por donde pasan, yertos, tres caballos.

Siluetas de silencio con crines de silencio,
con ojos de silencio que me miran
desde adentro del pozo,
desde la calle oscura de la vida,
desde el bloque sin puertas de la muerte,
desde un vaso sin agua en donde abrevan fijos.
Tan sólo el movimiento
de levantar sus cuellos y agacharlos,
la pregunta.
La pregunta que dobla a las especies
sin agua que las guíe, sin sonidos:
levantamos el cuello cual caballos
hacia ese viento agraz y luego abajo:
como ese sí perenne de la vida,
de nuestra vida seca, de nuestra vida agria,
perennemente agria, aquí, en el vaso.

Y para qué tanta sed en esta puerta,
en este edificio que se inunda
en silencio y sin agua y los caballos
que trotan pétreamente, que, ahora mismo,
estirados y gráciles son las venas
por donde no corre nada. Son la vida
por donde no corre nada. Son el viento
por donde no corre nada. Son los ojos.
No oigo nada. Los caballos han muerto.
Son los ojos. Han muerto con las crines
del viento. Son las almas
por donde no corre nada. Son las sombras
por donde no habita nada. Son las manos,
las manos que me ahogan
en esta tierra sola. Son los ojos.

Para qué quiero tanto silencio entre los ojos.
Vierto el vaso y la vida no me mira.
He vertido el silencio con los ojos.
Muero pues. No soy nada.
Solo queda un caballo.
Sólo queda un caballo y me persigue.
Es mi muerte el caballo,
el que no tiene crines, al viento, que le peinen.
Mi muerte ha ido a beber
a otro pozo callado en donde nadie
le dirá nunca nada: ahí, el silencio.



Dolors Alberola

miércoles, 22 de febrero de 2012

UNA NOCHE de José Asunción Silva




LECTURA de ROSA IGLESIAS



UNA NOCHE


NOCTURNO III





Una noche
una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de música de älas,
Una noche
en que ardían en la sombra nupcial y húmeda, las luciérnagas fantásticas,
a mi lado, lentamente, contra mí ceñida, toda,
muda y pálida
como si un presentimiento de amarguras infinitas,
hasta el fondo más secreto de tus fibras te agitara,
por la senda que atraviesa la llanura florecida
caminabas,
y la luna llena
por los cielos azulosos, infinitos y profundos esparcía su luz blanca,
y tu sombra
fina y lánguida
y mi sombra
por los rayos de la luna proyectada
sobre las arenas tristes
de la senda se juntaban.
Y eran una
y eran una
¡y eran una sola sombra larga!
¡y eran una sola sombra larga!
¡y eran una sola sombra larga!

Esta noche
solo, el alma
llena de las infinitas amarguras y agonías de tu muerte,
separado de ti misma, por la sombra, por el tiempo y la distancia,
por el infinito negro,
donde nuestra voz no alcanza,
solo y mudo
por la senda caminaba,
y se oían los ladridos de los perros a la luna,
a la luna pálida
y el chillido
de las ranas,
sentí frío, era el frío que tenían en la alcoba
tus mejillas y tus sienes y tus manos adoradas,
¡entre las blancuras níveas
de las mortüorias sábanas!
Era el frío del sepulcro, era el frío de la muerte,
Era el frío de la nada...

Y mi sombra
por los rayos de la luna proyectada,
iba sola,
iba sola
¡iba sola por la estepa solitaria!
Y tu sombra esbelta y ágil
fina y lánguida,
como en esa noche tibia de la muerta primavera,
como en esa noche llena de perfumes, de murmullos y de músicas de alas,
se acercó y marchó con ella,
se acercó y marchó con ella,
se acercó y marchó con ella... ¡Oh las sombras enlazadas!
¡Oh las sombras que se buscan y se juntan en las noches de negruras y de lágrimas!...




José Asunción Silva

lunes, 20 de febrero de 2012

POEMA CONJETURAL de Jorge Luis Borges





LECTURA de ROSA IGLESIAS



POEMA CONJETURAL


El doctor Francisco Laprida,
asesinado el día 23 de septiembre de 1829
por los montoneros de Aldao, piensa antes de morir:





Zumban las balas en la tarde última.
Hay viento y hay cenizas en el viento,
se dispersan el día y la batalla
deforme, y la victoria es de los otros.
Vencen los bárbaros, los gauchos vencen.
Yo, que estudié las leyes y los cánones,
yo, Francisco Narciso de Laprida,
cuya voz declaró la independencia
de estas crueles provincias, derrotado,
de sangre y de sudor manchado el rostro,
sin esperanza ni temor, perdido,
huyo hacia el Sur por arrabales últimos.

Como aquel capitán del Purgatorio
que, huyendo a pie y ensangrentando el llano,
fue cegado y tumbado por la muerte
donde un oscuro río pierde el nombre,
así habré de caer. Hoy es el término.
La noche lateral de los pantanos
me asecha y me demora. Oigo los cascos
de mi caliente muerte que me busca
con jinetes, con belfos y con lanzas.

Yo que anhelé ser otro, ser un hombre
de sentencias, de libros, de dictámenes,
a cielo abierto yaceré entre ciénagas;
pero me endiosa el pecho inexplicable
un júbilo secreto. Al fin me encuentro
con mi destino sudamericano.
A esta ruinosa tarde me llevaba
el laberinto múltiple de pasos
que mis días tejieron desde un día
de la niñez. Al fin he descubierto
la recóndita clave de mis años,
la suerte de Francisco de Laprida,
la letra que faltaba, la perfecta
forma que supo Dios desde el principio.
En el espejo de esta noche alcanzo
mi insospechado rostro eterno. El círculo
se va a cerrar. Yo aguardo que así sea.

Pisan mis pies la sombra de las lanzas
que me buscan. Las befas de mi muerte,
los jinetes, las crines, los caballos,
se ciernen sobre mí ... Ya el primer golpe,
ya el duro hierro que me raja el pecho,
el íntimo cuchillo en la garganta.



Jorge Luis Borges

miércoles, 15 de febrero de 2012

YO de María García Romero





LECTURA de ROSA IGLESIAS



YO





Sombra de mi pasión, ya casi ocaso,
deambulo en mi triste laberinto,
con tan sólo el fanal que da el instinto,
arrastrando mi alma con mi paso.

Ya me bebí la vida, ya está el vaso
medio vacío, amargo, tan distinto
del ayer, que imploro lo indistinto,
de vivir o morir en mi fracaso.


No me importan las rosas de la vida,
no me importa el amor, las soledades,
nada me importa en nada dividida.

Mis pies caminan solos las bondades
de un aire que prestado me convida
en el nombre de Dios, mis dos mitades.


María García Romero.


lunes, 13 de febrero de 2012

LOBO ESTEPARIO de Hermann Hesse




LECTURA de ROSA IGLESIAS




LOBO ESTEPARIO

(Versión de Andrés Holguín)





Yo, lobo estepario, troto y troto,
la nieve cubre el mundo,
el cuervo aletea desde el abedul,
pero nunca una liebre, nunca un ciervo.

¡Amo tanto a los ciervos!
¡Ah, si encontrase alguno!
Lo apresaría entre mis dientes y mis patas,
eso es lo más hermoso que imagino.
Para los afectivos tendría buen corazón,
devoraría hasta el fondo de sus tiernos perniles,
bebería hasta hartarme de su sangre rojiza,
y luego aullaría toda la noche, solitario.

Hasta con una liebre me conformaría.
El sabor de su cálida carne es tan dulce de noche.
¿Acaso todo, todo lo que pueda alegrar
una pizca la vida está lejos de mí?
El pelo de mi cola tiene ya un color gris,
apenas puedo ver con cierta claridad,
y hace años que murió mi compañera.

Ahora troto y sueño con ciervos,
troto y sueño con liebres,
oigo soplar el viento en noches invernales,
calmo con nieve mi garganta ardiente,
llevo al diablo hasta mi pobre alma.



Hermann Hesse


viernes, 10 de febrero de 2012

AY MÍSERO DE MI de Pedro Calderón de la Barca



LEÍDO por ROSA IGLESIAS



¡ AY MISERO DE MÍ !
[Soliloquio: Fragmento de La vida es sueño]
Pedro Calderón de la Barca





¡Ay mísero de mí, y ay, infelice!
Apurar, cielos, pretendo,
ya que me tratáis así
qué delito cometí
contra vosotros naciendo;
aunque si nací, ya entiendo
qué delito he cometido.
Bastante causa ha tenido
vuestra justicia y rigor;
pues el delito mayor
del hombre es haber nacido.

Sólo quisiera saber
para apurar mis desvelos
(dejando a una parte, cielos,
el delito de nacer),
qué más os pude ofender
para castigarme más.
¿No nacieron los demás?
Pues si los demás nacieron,
¿qué privilegios tuvieron
qué yo no gocé jamás?

Nace el ave, y con las galas
que le dan belleza suma,
apenas es flor de pluma
o ramillete con alas,
cuando las etéreas salas
corta con velocidad,
negándose a la piedad
del nido que deja en calma;
¿y teniendo yo más alma,
tengo menos libertad?

Nace el bruto, y con la piel
que dibujan manchas bellas,
apenas signo es de estrellas
(gracias al docto pincel),
cuando, atrevida y crüel
la humana necesidad
le enseña a tener crueldad,
monstruo de su laberinto;
¿y yo, con mejor instinto,
tengo menos libertad?

Nace el pez, que no respira,
aborto de ovas y lamas,
y apenas, bajel de escamas,
sobre las ondas se mira,
cuando a todas partes gira,
midiendo la inmensidad
de tanta capacidad
como le da el centro frío;
¿y yo, con más albedrío,
tengo menos libertad?

Nace el arroyo, culebra
que entre flores se desata,
y apenas, sierpe de plata,
entre las flores se quiebra,
cuando músico celebra
de las flores la piedad
que le dan la majestad
del campo abierto a su huida;
¿y teniendo yo más vida
tengo menos libertad?

En llegando a esta pasión,
un volcán, un Etna hecho,
quisiera sacar del pecho
pedazos del corazón.
¿Qué ley, justicia o razón,
negar a los hombres sabe
privilegio tan süave,
excepción tan principal,
que Dios le ha dado a un cristal,
a un pez, a un bruto y a un ave?



Pedro Calderón de la Barca

.

jueves, 9 de febrero de 2012

VENCIDOS de León Felipe



LECTURA de ROSA IGLESIAS


VENCIDOS





Por la manchega llanura
se vuelve a ver la figura
de Don Quijote pasar.

Y ahora ociosa y abollada va en el rucio la armadura,
y va ocioso el caballero, sin peto y sin espaldar,
va cargado de amargura,
que allá encontró sepultura
su amoroso batallar.
Va cargado de amargura,
que allá «quedó su ventura»
en la playa de Barcino, frente al mar.

Por la manchega llanura
se vuelve a ver la figura
de Don Quijote pasar.
Va cargado de amargura,
va, vencido, el caballero de retorno a su lugar.

¡Cuántas veces, Don Quijote, por esa misma llanura,
en horas de desaliento así te miro pasar!
¡Y cuántas veces te grito: Hazme un sitio en tu montura
y llévame a tu lugar;
hazme un sitio en tu montura,
caballero derrotado, hazme un sitio en tu montura
que yo también voy cargado
de amargura
y no puedo batallar!

Ponme a la grupa contigo,
caballero del honor,
ponme a la grupa contigo,
y llévame a ser contigo
pastor.

Por la manchega llanura
se vuelve a ver la figura
de Don Quijote pasar...


León Felipe


.

martes, 7 de febrero de 2012

SI EL HOMBRE PUDIERA DECIR LO QUE AMA...de Luis Cernuda




LEÍDO por ROSA IGLESIAS



SI EL HOMBRE PUDIERA DECIR LO QUE AMA





Si el hombre pudiera decir lo que ama,
si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
como una nube en la luz;
si como muros que se derrumban,
para saludar la verdad erguida en medio,
pudiera derrumbar su cuerpo,
dejando sólo la verdad de su amor,
la verdad de sí mismo,
que no se llama gloria, fortuna o ambición,
sino amor o deseo,
yo sería aquel que imaginaba;
aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
proclama ante los hombres la verdad ignorada,
la verdad de su amor verdadero.

Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
como leños perdidos que el mar anega o levanta
libremente, con la libertad del amor,
la única libertad que me exalta,
la única libertad por que muero.

Tú justificas mi existencia:
si no te conozco, no he vivido;
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.



LUIS CERNUDA


ECLESIASTÉS ( Cap. del 1 al 4)





LECTURA de ROSA IGLESIAS



CAPÍTULO 1


Título, autor y tema general del Libro

1:1 Palabras de Cohélet, hijo de David, rey en Jerusalén.
1:2 ¡Vanidad, pura vanidad!, dice Cohélet.
¡Vanidad, pura vanidad! ¡Nada más que vanidad!
1:3 ¿Qué provecho saca el hombre
de todo el esfuerzo que realiza bajo el sol?


Nada nuevo bajo el sol

1:4 Una generación se va y la otra viene,
y la tierra siempre permanece.
1:5 El sol sale y se pone,
y se dirige afanosamente hacia el lugar
de donde saldrá otra vez.
1:6 El viento va hacia el sur
y gira hacia el norte;
va dando vueltas y vueltas,
y retorna sobre su curso.
1:7 Todos los ríos van al mar
y el mar nunca se llena;
al mismo lugar donde van los ríos,
allí vuelven a ir.
1:8 Todas las cosas están gastadas,
más de lo que se puede expresar.
¿No se sacia el ojo de ver
y el oído no se cansa de escuchar?
1:9 Lo que fue, eso mismo será;
lo que se hizo, eso mismo se hará:
¡no hay nada nuevo bajo el sol!
1:10 Si hay algo de lo que dicen:
"Mira, esto sí que es algo nuevo",
en realidad, eso mismo ya existió
muchísimo antes que nosotros.
1:11 No queda el recuerdo de las cosas pasadas,
ni quedará el recuerdo de las futuras
en aquellos que vendrán después.


La experiencia decepcionante de Cohélet

1:12 Yo, Cohélet,
he sido rey de Israel, en Jerusalén,
1:13 y me dediqué a investigar y a explorar con sabiduría
todo lo que se hace bajo el cielo:
es esta una ingrata tarea
que Dios impuso a los hombres
para que se ocupen de ella.
1:14 Así observé todas las obras que se hacen bajo el sol,
y vi que todo es vanidad y correr tras el viento.
1:15 Lo torcido no se puede enderezar,
ni se puede contar lo que falta.
1:16 Entonces me dije a mí mismo:
Yo acumulé una gran sabiduría,
más que todos mis predecesores en Jerusalén,
y mi corazón ha visto mucha sabiduría y ciencia.
1:17 Me dediqué a conocer la sabiduría,
la ciencia, la locura y la necedad,
y advertí que también eso es correr tras el viento.
1:18 Porque mucha sabiduría trae mucha aflicción,
y el que acumula ciencia, acumula dolor.




CAPÍTULO 2


La búsqueda del placer, intento ilusorio

2:1 Yo me dije a mí mismo: "Ven, te haré experimentar el placer;
goza del bienestar".
Pero también esto es vanidad.
2:2 De la risa, dije: "No es más que locura",
y de la alegría: "¿Para qué sirve?"
2:3 Decidí estimular mi carne con el vino,
manteniendo la mente lúcida,
y dejarme llevar de la insensatez,
hasta ver qué les conviene
hacer a los hombres bajo el cielo,
en los contados días de su vida.
2:4 Emprendí grandes obras:
me construí mansiones y planté viñedos;
2:5 me hice jardines y parques,
y planté allí toda clase de árboles frutales;
2:6 me fabriqué cisternas, para regar el bosque donde crecían los árboles;
2:7 compré esclavos y esclavas,
y algunos me nacieron en casa;
poseí también ganado en abundancia,
más que todos mis predecesores en Jerusalén.
2:8 Amontoné además plata y oro,
y tesoros dignos de reyes y de provincias;
me conseguí cantores y cantoras,
y muchas mujeres hermosas,
que son la delicia de los hombres.
2:9 Llegué a ser tan grande,
que superé a todos mis predecesores en Jerusalén.
Sin embargo, la sabiduría permanecía siempre conmigo.
2:10 No negué a mis ojos nada de lo que pedían,
ni privé a mi corazón de ningún placer;
mi corazón se alegraba de todo mi trabajo,
y este era el premio de todo mi esfuerzo.
2:11 Pero luego dirigí mi atención
a todas las obras que habían hecho mis manos
y a todo el esfuerzo que me había empeñado en realizar,
y vi que todo es vanidad y correr tras el viento:
¡no se obtiene ningún provecho bajo el sol!


El sabio y el necio, iguales ante la muerte

2:12 Entonces volví mis ojos hacia la sabiduría,
hacia la locura y la insensatez.
Porque ¿qué hará el sucesor del rey?
Lo mismo que ya se había hecho antes.
2:13 Y vi que la sabiduría aventaja a la insensatez,
como la luz a las tinieblas:
2:14 el sabio tiene los ojos bien puestos,
mientras que el necio camina en tinieblas.
Pero yo sé también que a los dos les espera la misma suerte.
2:15 Y me dije a mí mismo:
si la suerte del necio será también la mía,
¿para qué, entonces, me hice más sabio?
Y pensé que también esto es vanidad.
2:16 Porque no perdurará el recuerdo
ni del sabio ni del necio:
con el paso de los días, todo cae en el olvido.
Así es: ¡el sabio muere igual que el necio!
2:17 Y llegué a detestar la vida,
porque me da fastidio todo lo que se hace bajo el sol.
Sí, todo es vanidad y correr tras el viento.


Vana recompensa del esfuerzo

2:18 Y también detesté todo el esfuerzo
que había realizado bajo el sol,
y que tendré que dejar al que venga después de mí.
2:19 ¿Y quién sabe si él será sabio o necio?
Pero será el dueño de lo que yo he conseguido
con esfuerzo y sabiduría bajo el sol.
También esto es vanidad.
2:20 Y llegué a desesperar
de todo el esfuerzo que había realizado bajo el sol.
2:21 Porque un hombre que ha trabajado
con sabiduría, con ciencia y eficacia,
tiene que dejar su parte
a otro que no hizo ningún esfuerzo.
También esto es vanidad y una grave desgracia.
2:22 ¿Qué le reporta al hombre todo su esfuerzo
y todo lo que busca afanosamente bajo el sol?
2:23 Porque todos sus días son penosos,
y su ocupación, un sufrimiento;
ni siquiera de noche descansa su corazón.
También esto es vanidad.


Los bienes recibidos de Dios

2:24 Lo único bueno para el hombre
es comer y beber,
y pasarla bien en medio de su trabajo.
Yo vi que también esto viene de la mano de Dios.
2:25 Porque ¿quién podría comer o gozar
si no es gracias a él?
2:26 Porque al que es de su agrado
él le da sabiduría, ciencia y alegría;
al pecador, en cambio, lo ocupa en amontonar y atesorar
para dárselo al que agrada a Dios.
También esto es vanidad y correr tras el viento.



CAPÍTULO 3


El momento oportuno

3:1 Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa
bajo el sol:
3:2 un tiempo para nacer y un tiempo para morir,
un tiempo para plantar y un tiempo para arrancarlo plantado;
3:3 un tiempo para matar y un tiempo para curar,
un tiempo para demoler y un tiempo para edificar;
3:4 un tiempo para llorar y un tiempo para reír,
un tiempo para lamentarse y un tiempo para bailar;
3:5 un tiempo para arrojar piedras
y un tiempo para recogerlas,
un tiempo para abrazarse
y un tiempo para separarse;
3:6 un tiempo para buscar
y un tiempo para perder,
un tiempo para guardar y un tiempo para tirar;
3:7 un tiempo para rasgar y un tiempo para coser,
un tiempo para callar y un tiempo para hablar;
3:8 un tiempo para amar y un tiempo para odiar,
un tiempo de guerra
y un tiempo de paz.


La incomprensibilidad de la obra de Dios

3:9 ¿Qué provecho obtiene el trabajador con su esfuerzo?
3:10 Yo vi la tarea que Dios impuso a los hombres
para que se ocupen de ella.
3:11 Él hizo todas las cosas apropiadas a su tiempo,
pero también puso en el corazón del hombre
el sentido del tiempo pasado y futuro,
sin que el hombre pueda descubrir
la obra que hace Dios desde el principio hasta el fin.
3:12 Yo comprendí que lo único bueno para el hombre
es alegrarse y buscar el bienestar en la vida.
3:13 Después de todo, que un hombre coma y beba
y goce del bienestar con su esfuerzo,
eso es un don de Dios.
3:14 Yo reconocí que todo lo que hace Dios
dura para siempre:
no hay que añadirle ni quitarle nada,
y Dios obra así para que
se tenga temor en su presencia.
3:15 Lo que es, ya fue antes,
lo que ha de ser, ya existió,
y Dios va en busca de lo que es fugaz.


La condición humana

3:16 Yo he visto algo más bajo el sol:
en lugar del derecho, la maldad
y en lugar de la justicia, la iniquidad.
3:17 Entonces me dije a mí mismo:
Dios juzgará al justo y al malvado,
porque allá hay un tiempo
para cada cosa y para cada acción.
3:18 Yo pensé acerca de los hombres:
si Dios los prueba, es para que vean
que no se distinguen de los animales.
3:19 Porque los hombres y los animales
tienen todos la misma suerte:
como mueren unos, mueren también los otros.
Todos tienen el mismo aliento vital
y el hombre no es superior a las bestias,
porque todo es vanidad.
3:20 Todos van hacia el mismo lugar:
todo viene del polvo y todo retorna al polvo.
3:21 ¿Quién sabe si el aliento del hombre
sube hacia lo alto,
y si el aliento del animal
baja a lo profundo de la tierra?
3:22 Por eso, yo vi que lo único bueno para el hombre
es alegrarse de sus obras,
ya que esta es su parte:
¿Quién, en efecto, lo llevará a ver
lo que habrá después de él?




CAPÍTULO 4


La opresión de los débiles

4:1 Yo volví mis ojos a todas las opresiones
que se cometen bajo el sol:
ahí están las lágrimas de los oprimidos,
y no hay quien los consuele.
La fuerza está del lado de los opresores,
y no hay nadie que les dé su merecido.
4:2 Entonces tuve por más felices
a los muertos, porque ya están muertos,
que a los vivos, porque viven todavía;
4:3 y consideré más feliz aún
al que todavía no ha existido,
porque no ha visto las infamias
que se cometen bajo el sol.


La rivalidad

4:4 Yo vi que todo el esfuerzo
y toda la eficacia de una obra
no son más que rivalidad de unos contra otros.
También esto es vanidad y correr tras el viento.
4:5 El necio se cruza de brazos
y se devora a sí mismo.
4:6 Más vale un puñado con tranquilidad,
que las dos manos bien llenas
a costa de fatigas y de correr tras el viento.

La ambición

4:7 Luego volví mis ojos
a otra cosa vana bajo el sol:
4:8 un hombre está completamente solo,
no tiene hijo ni hermano,
pero nunca pone fin a su esfuerzo
ni se sacia de ambicionar riquezas.
Entonces, ¿para quién me esfuerzo
y me privo del bienestar?
También esto es vanidad y una tarea ingrata.


Desventajas de la soledad

4:9 Valen más dos juntos que uno solo,
porque es mayor la recompensa del esfuerzo.
4:10 Si caen, uno levanta a su compañero;
pero ¡pobre del que está solo y se cae,
sin tener a nadie que lo levante!
4:11 Además, si se acuestan juntos, sienten calor,
pero uno solo, ¿cómo se calentará?
4:12 Y a uno solo se lo domina,
pero los dos podrán resistir,
porque la cuerda trenzada no se rompe fácilmente.

La inestabilidad del poder político
4:13 Más vale un joven pobre y sabio
que un rey viejo y necio,
que ya no es capaz de hacerse aconsejar.
4:14 Aunque aquel salió de la cárcel para reinar
y había sido pobre en su propio reino,
4:15 yo vi a todos los vivientes
que caminan bajo el sol
ponerse de parte del joven sucesor,
que se erigió en lugar del otro.
4:16 Era una multitud interminable
la que él encabezaba.
Pero los que vendrán después
tampoco estarán contentos con él,
porque también esto es vanidad y correr tras el viento.


Advertencias sobre el culto y los votos

4:17 Vigila tus pasos cuando vayas a la Casa de Dios.
Acércate dispuesto a escuchar,
más bien que a ofrecer el sacrificio de los insensatos,
porque ellos no se dan cuenta que obran mal.

viernes, 27 de enero de 2012

HAGO GIRAR MIS BRAZOS de Pablo Neruda





HAGO GIRAR MIS BRAZOS




Hago girar mis brazos como dos aspas locas...
en la noche toda ella de metales azules.

Hacia donde las piedras no alcanzan y retornan.
Hacia donde los fuegos oscuros se confunden.
Al pie de las murallas que el viento inmenso abraza.
Corriendo hacia la muerte como un grito hacia el eco.

El lejano, hacia donde ya no hay más que la noche
y la ola del designio, y la cruz del anhelo.
Dan ganas de gemir el más largo sollozo.
De bruces frente al muro que azota el viento inmenso.

Pero quiero pisar más allá de esa huella:
pero quiero voltear esos astros de fuego:
lo que es mi vida y es más allá de mi vida,
eso de sombras duras, eso de nada, eso de lejos:
quiero alzarme en las últimas cadenas que me aten,
sobre este espanto erguido, en esta ola de vértigo,
y echo mis piedras trémulas hacia este país negro,
solo, en la cima de los montes,
solo, como el primer muerto,
rodando enloquecido, presa del cielo oscuro
que mira inmensamente, como el mar en los puertos.

Aquí, la zona de mi corazón,
llena de llanto helado, mojada en sangres tibias.
Desde él, siento saltar las piedras que me anuncian.
En él baila el presagio del humo y la neblina.
Todo de sueños vastos caídos gota a gota.
Todo de furias y olas y mareas vencidas.
Ah, mi dolor, amigos, ya no es dolor de humano.
Ah, mi dolor, amigos, ya no cabe en mi vida.
Y en él cimbro las hondas que van volteando estrellas!
Y en él suben mis piedras en la noche enemiga!
Quiero abrir en los muros una puerta. Eso quiero.
Eso deseo. Clamo. Grito. Lloro. Deseo.
Soy el más doloroso y el más débil. Lo quiero.
El lejano, hacia donde ya no hay más que la noche.

Pero mis hondas giran. Estoy. Grito. Deseo.
Astro por astro, todos fugarán en astillas.
Mi fuerza es mi dolor, en la noche. Lo quiero.
He de abrir esa puerta. He de cruzarla. He de vencerla.
Han de llegar mis piedras. Grito. Lloro. Deseo.

Sufro, sufro y deseo. Deseo, sufro y canto.
Río de viejas vidas, mi voz salta y se pierde.
Tuerce y destuerce largos collares aterrados.
Se hincha como una vela en el viento celeste.
Rosario de la angustia, yo no soy quien lo reza.
Hilo desesperado, yo no soy quien lo tuerce.
El salto de la espada a pesar de los brazos.
El anuncio en estrellas de la noche que viene.
Soy yo: pero es mi voz la existencia que escondo.
El temporal de aullidos y lamentos y fiebres.
La dolorosa sed que hace próxima el agua.
La resaca invencible que me arrastra a la muerte.

Gira mi brazo entonces, y centellea mi alma.
Se trepan los temblores a la cruz de mis cejas.
He aquí mis brazos fieles! He aquí mis manos ávidas!
He aquí la noche absorta! Mi alma grita y desea!
He aquí los astros pálidos todos llenos de enigma!
He aquí mi sed que aúlla sobre mi voz ya muerta!
He aquí los cauces locos que hacen girar mis hondas!
Las voces infinitas que preparan mi fuerza!
Y doblado en un nudo de anhelos infinitos,
en la infinita noche, suelto y suben mis piedras.

Más allá de esos muros, de esos límites, lejos.
Debo pasar las rayas de la lumbre y la sombra.
Por qué no he de ser yo? Grito. Lloro. Deseo.
Sufro, sufro y deseo. Cimbro y zumban mis hondas.
El viajero que alargue su viaje sin regreso.
El hondero que trice la frente de la sombra.
Las piedras entusiastas que hagan parir la noche.
La flecha, la centella, la cuchilla, la proa.
Grito. Sufro. Deseo. Se alza mi brazo, entonces,
hacia la noche llena de estrellas en derrota.

He aquí mi voz extinta. He aquí mi alma caída.
Los esfuerzos baldíos. La sed herida y rota.
He aquí mis piedras ágiles que vuelven y me hieren.
Las altas luces blancas que bailan y se extinguen.
Las húmedas estrellas absolutas y absortas.
He aquí las mismas piedras que alzó mi alma en combate.
He aquí la misma noche desde donde retornan.

Soy el más doloroso y el más débil. Deseo.
Deseo, sufro, caigo. El viento inmenso azota.
Ah, mi dolor, amigos, ya no es dolor de humano!
Ah, mi dolor, amigos, ya no cabe en la sombra!
En la noche toda ella de astros fríos y errantes,
hago girar mis brazos como dos aspas locas.



Pablo Neruda

sábado, 21 de enero de 2012

ROMANCERO GITANO II ( del 3 al 5) de Feferico García Lorca

.




Reyerta.
A Rafael Méndez




En la mitad del barranco
las navajas de Albacete,
bellas de sangre contraria,
relucen como los peces.

Una dura luz de naipe
recorta en el agrio verde
caballos enfurecidos
y perfiles de jinetes.

En la copa de un olivo
lloran dos viejas mujeres.
El toro de la reyerta
su sube por la paredes.
Angeles negros traían
pañuelos y agua de nieve.
Angeles con grandes alas
de navajas de Albacete.

Juan Antonio el de Montilla
rueda muerto la pendiente
su cuerpo lleno de lirios
y una granada en las sienes.
Ahora monta cruz de fuego,
carretera de la muerte.

El juez con guardia civil,
por los olivares viene.
Sangre resbalada gime
muda canción de serpiente.
Señores guardias civiles:
aquí pasó lo de siempre.
Han muerto cuatro romanos
y cinco cartagineses

La tarde loca de higueras
y de rumores calientes
cae desmayada en los muslos
heridos de los jinetes.
Y ángeles negros volaban
por el aire del poniente.
Angeles de largas trenzas
y corazones de aceite.

...oooOOOooo...

Romance sonámbulo.
A Gloria Giner y Fernando de los Ríos

Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas la están mirando
y ella no puede mirarlas.

Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha,
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde...?
Ella sigue en su baranda,
verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga.

Compadre, quiero cambiar
mi caballo por su casa,
mi montura por su espejo,
mi cuchillo por su manta.
Compadre, vengo sangrando
desde los puertos de Cabra.

Si yo pudiera, mocito,
este trato se cerraba.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.

Compadre, quiero morir
decentemente en mi cama.
De acero, si puede ser,
con las sábanas de holanda.
¿ No veis la herida que tengo
desde el pecho a la garganta?

Trescientas rosas morenas
lleva tu pechera blanca.
Tu sangre rezuma y huele
alrededor de tu faja.
Pero yo ya no soy yo.
Ni mi casa es ya mi casa.

Dejadme subir al menos
hasta las altas barandas,
¡Dejadme subir!, dejadme
hasta las altas barandas.
Barandales de la luna
por donde retumba el agua.

Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas.
Dejando un rastro de sangre.
Dejando un rastro de lágrimas.
Temblaban en los tejados
farolillos de hojalata.
Mil panderos de cristal,
herían la madrugada.

Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
Los dos compadres subieron.
El largo viento dejaba
en la boca un raro gusto
de hiel, de menta y de albahaca.

¡Compadre! ¿Dónde está, dime?
¿Dónde está tu niña amarga?

¡Cuántas veces te esperó!
¡Cuántas veces te esperara,
cara fresca, negro pelo,
en esta verde baranda!

Sobre el rostro del aljibe,
se mecía la gitana.
Verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Un carámbano de luna
la sostiene sobre el agua.
La noche se puso íntima
como una pequeña plaza.
Guardias civiles borrachos
en la puerta golpeaban.

Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar.
Y el caballo en la montaña.

...oooOOOooo...

La monja gitana.
A José Moreno Villa

Silencio de cal y mirto.
Malvas en las hierbas finas.
La monja borda alhelíes
sobre una tela pajiza.
Vuelan en la araña gris
siete pájaros del prisma.
La iglesia gruñe a lo lejos
como un oso panza arriba.
¡Que bien borda! ¡Con qué gracia!
Sobre la tela pajiza
ella quisiera bordar
flores de su fantasía.
¡Qué girasol! ¡Qué magnolia
de lentejuelas y cintas!
¡Qué azafranes y qué lunas,
en el mantel de la misa!
Cinco toronjas se endulzan
en la cercana cocina.
Las cinco llagas de Cristo
cortadas en Almería.
Por los ojos de la monja
galopan dos caballistas.
Un rumor último y sordo
le despega la camisa,
y al mirar nubes y montes
en las yertas lejanías,
se quiebra su corazón
de azúcar y yerbaluisa.
¡Oh, qué llanura empinada
con veinte soles arriba!
¡Qué ríos puestos de pie
vislumbra su fantasía!
Pero sigue con sus flores,
mientras que de pie, en la brisa,
la luz juega el ajedrez
alto de la celosía.

...oooOOOooo...

Federico García Lorca