jueves, 17 de enero de 2019

CUANDO ÉRAMOS PECES


   


Leído por ROSA IGLESIAS




CUANDO ÉRAMOS PECES

 



El tiempo decide
mientras nosotros divagamos....



Todavía erais peces,
ignorábais la cualidad de lo seco
o el ardor que florece en el hambre de las llamas;
el placer de tenderos bajo el sol
era inimaginable para vosotros.

Temíais el peso diluído de la luz.

Vuestra anatomía de escamas
era como los ríos que temen,
en sus derivaciones, un exceso de vertidos insalubres,
las anochecidas muertes de radio.

Pero también el dolor es agua
y habita bajo las marismas y el lodo.

Discretamente, soñabais contra ese respirar de miedo,
contra una futura sequía,
y os fuisteis reinventando anfibios,
mutando, entre contrariedades de piedra y disoluciones de sal
para tropezaros, húmedos ,con la demolición
de este mundo terrestre.


Rosa Iglesias


Música : V. A. Motsart 

melodiya serdtsa

lunes, 14 de enero de 2019

LLAMA DE AMOR VIVA... de San Juan de la Cruz

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LEÍDO por ROSA IGLESIAS




LLAMA DE AMOR VIVA


1

¡Oh llama de amor viva,
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!
Pues ya no eres esquiva,
acaba ya, si quieres;
rompe la tela de este dulce encuentro.

2
¡Oh cauterio suave!
¡Oh regalada llaga!
¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado!
Que a vida eterna sabe
y toda deuda paga ;
matando, muerte en vida la has trocado.

3
¡Oh lámparas de fuego,
en cuyos resplandores
las profundas cavernas del sentido,
que estaba oscuro y ciego,
con estraños primores
calor y luz dan junto a su querido!

4
!Cuán manso y amoroso
recuerdas en mi seno
donde secretamente solo moras,
y en tu aspirar sabroso
de bien y gloria lleno
cuán delicadamente me enamoras!

San Juan de la Cruz

Música : El cant dels ocells
de Pau Casal

sábado, 12 de enero de 2019

LLUVIAS ... de Domingo F. Faílde

.



LEÍDO por ROSA IGLESIAS



L L U V I A S



Perdónate, concede
reposo a ese caudal que los años incrementaron
y ahora anega, imparable, tus orillas,
pues si apenas llovió no atesores las lágrimas,
alivia el cauce y deja
que el río de tu historia se desangre en el mar.

Dirás que el agua arrastra
sucesos de otra edad, dádivas cenicientas
y que el fracaso, a bordo de todo lo que hiciste,
navega en camarote de lujo hacia el olvido.

Dirás que fue tormenta cada pisada tuya
y un huracán esquivo se llevó cada hora,
perdidas, una a una, en la borrasca inútil
que ahora inunda tu vida y arrasa sus andenes.

Pero ya nada importa, pues lo perdiste todo
y, desnudo, descalzo, sin un mínimo hatillo,
nada sino tú mismo te queda y eres libre,
sube al mástil más alto del buque que zozobra,
sé la única vela que su rumbo señale
y entrégate a los vientos, a la dulce resaca
de ser tu sombra acaso
y entrégate a las fauces hambrientas de las olas.

No digas que dejaste lo que deja cualquiera.
Dinero, no tuviste ni salud; y, aunque pródigo
fuese el amor en goces y memoria
en un papel dejaste: nada vale lo escrito,
nadie habrá de leer lo que borrado
nació, creció, soñó, yerta higuera maldita,
sin dar un solo fruto.

Ya lo ves, no hay excusas, ningún pretexto sirve.
Perdónate el vacío que anidó entre tus manos
y el yerro de creerte como la noche, inmenso,
como los astros, luminoso y frío,
arrogante y remoto como un pequeño dios.

Concédete la paz, huye del paraíso.
Sigue lloviendo, es tarde, tu vida se derrama.
Lo demás, solamente silencio, un paso al frente,
ser dueño de ti mismo,
no ser nada tal vez.



Domingo F. Faílde.-



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DONDE HABITE EL OLVIDO de Luis Cernuda





LEÍDO por ROSA IGLESIAS


DONDE HABITE EL OLVIDO




Donde habite el olvido,
En los vastos jardines sin aurora;
Donde yo sólo sea
Memoria de una piedra sepultada entre ortigas
Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.

Donde mi nombre deje
Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
Donde el deseo no exista.

En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
No esconda como acero
En mi pecho su ala,
Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.

Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,
Sometiendo a otra vida su vida,
Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.

Donde penas y dichas no sean más que nombres,
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
Disuelto en niebla, ausencia,
Ausencia leve como carne de niño.

Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido.




Luis Cernuda