viernes, 29 de junio de 2012

DESENCUENTRO de Ana Muela Sopeña




Lectura y Vídeo de Rosa Iglesias



DESENCUENTRO





Nadie conoce a nadie en la selva del asfalto.
Descargan las máscaras
en poligamia de salivas.

Nadie conoce a nadie en los túneles del tiempo
y busco a los culpables
de esta expresión alucinante que me congela el universo.

Se arrastran por aceras con los velos
mujeres en estado de ebriedad.
Mas no han bebido nada en muchos meses,
tan sólo las palabras de marasmo.

Y miles de hombres vírgenes,
con cientos de experiencias
van reptando por las calles del olvido,
como seres aún dispersos
en caminos de reptiles.

Un desencuentro amable
se topa con las plazas del silencio.

Un mutismo sereno
conecta ojos con ojos
en clubes de streptease.

Las horas van pasando
en noches como ésta.

Ciudades monocordes
que deliran con sílabas.
Letreros luminosos avanzando en la niebla.

Nadie conoce a nadie,
a pesar de los viajes,
los e-mails y el teléfono.

Nadie conoce a nadie...

Nadie conoce a nadie...


Ana Muela Sopeña




jueves, 28 de junio de 2012

HAMBRE de Sagrario Hernández.




 

 LECTURA de ROSA IGLESIAS




HAMBRE





Bocas ávidas, hambrientas de pezones
oscuros: manantiales de vida.
Bocas. Miles, millones de pequeñas bocas
desdentadas, tiernas, luctuosas
ya en el primer albor de una sonrisa.
Bocas que no serán besadas
jamás por otras bocas,
que no pronunciarán
un nombre con dulzura,
que no repetirán la melodía
ancestral de su pueblo.
Bocas que no resistirán la primavera
porque habrán sucumbido
-inocentes-
antes de que un derecho,
natural y preciso,
las rescate en el tiempo.
Bocas aferrándose al llanto
como único recurso de alimento,
como único repudio del olvido;
porque no habrá otras bocas
que afirmen su existencia
trazándoles senderos de esperanza
por donde acuda un sueño
-sin dolor y sin moscas-
hasta la desazón de sus entrañas.
Bocas que son aniquiladas
ya antes del esbozo:
en el envite último del vientre
o en el primer aliento de un gemido.
Bocas que no llegan a ser ni tan siquiera
un número estadístico en un oscuro
archivo de oficina.
Bocas por las que llora el alma
de un escaso destino atormentado,
por las que gritan dioses
-pequeños, taciturnos-
sin poder y sin gloria.
Bocas que mueren sin saber
que hay un granero inmenso
para todas las bocas,
pero absurdo e inútil
cuando niega la mano
un puñado de vida
a aquellas que no cuadran el balance
que exige la lujuria;
más y sobre todo si esta
al extender su brazo,
asfixia hasta la luz del horizonte.
Bocas donde el labio es frontera
de un dolor injusto, terrible, innecesario.
Bocas que serán alimento
del cuervo o el gusano
antes de que tal vez la leche-madre
las haya humedecido.
Bocas, bocas, bocas, millones
de bocas invisibles
para el dormido ojo
del poder sin conciencia.
Bocas que no podrán
siquiera acusar sin palabras
a esas otras bocas
que las han condenado,
desde sus altas miras financieras,
a dormir en las fauces
de una muerte indigna.


Sagrario Hernández

(1er premio del XXIV Certámen Poético “Federico García Lorca”
del Centro Cultural del mismo nombre en Barcelona. 18 junio 2005.)


Música de Eleni Karaindrou


miércoles, 20 de junio de 2012

LA BLANCA PALOMA EN MI ALA de Rosa Iglesias




 LEÍDO por ROSA IGLESIAS





LA BLANCA PALOMA EN MI ALA





Oh...la blanca paloma en mi ala....

y... yo...como vertiente de sangre rosada
sin lecho que la traduzca mar a la fuente
y cual torcaz forajida en silencio
que arrastra entre torrenteras las alas,
voy

Oh paloma, duerme triste
entre naufragios tus vuelos

Tú fuiste...
el ala, la pluma ,
mi espíritu inocente yuntando luces al cielo

Tú... paloma...oh dime ángel
si entre los limites y los gélidos inviernos,
serás capaz de curarte en la llaga la fronda
que de tan profunda al sembrarla,
hoy...en su arraigo inmaduro ...ahonda

Oh paloma, mi bella, mi herida de malva blancura
si sabes de mí... o de ella,
de la Luz germinándose anchura, en esa calentura
de fragua de tan fragante misticidad y envoltura...
-con esos giros orbitales
de líneas sin vector ondulantes
por entre fronterizas y pertrechadas rojas mixturas-
dime...oh tú mi contrariada y amante brújula paloma,
si sabes de ella o de mí...o si acaso oiste hablar
de nosotras...
¿...adónde es que se extraviaron entre mordazas las alas
que de tan torcaces y hermosas fueron también amorosas...?

Oh ...ala paloma ...eras... la más,
la blanca ,
mas...aun sin ser la que eras... ya eres ...ahora...alma...
la más enamorada sin ser amada en pulcritud o en blancura,
la más amplia hechura sin vuelo curvándose hostil en la pluma,
la más oscura entre las noctámbulas opacadas albas
la más hermosa por integridad y soltura
ornando altiva la compostura
y la más talada paloma blanca
en la altura

Y ya vas planeando ambigua en la estrechez de tu angostura...ancha,
mientras armas poemas rotos con la doble agonía errante de la fractura,
revoloteando sin consuelo y solitaria, en aleros y sin aires clausurada,
con una tristeza en el nido y un soliloquio furtivo
alborotando preñez, en el ala



Rosa Iglesias ( a Irene Rojo )

MÚSICA : Adagio de ELENI KARAINDROU 



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lunes, 18 de junio de 2012

FADO NOCTURNO de Dolors Alberola




 
LEÍDO por ROSA IGLESIAS




FADO NOCTURNO




Meu amor, meu amor…

Al fondo de la noche
las tres velas bogando
como lunas ancladas.
Dulce Pontes lanzaba sus cristales,
las cintas de su voz, la melodía
contra las altas palmas que bailaban al viento.
Una humareda roja, azulándose, verde,
cambiando los tejidos y la danza
que, ancestral, era rito,
la memoria de brujas y druidas.

Ella estaba envolviéndose en la sombra,
meciéndose en el mar.
Alguien la amaba, pero sus ojos eran sombra,
sus manos eran vidrios anclados en la sombra,
su melena una cruz de maderas y sombra.
La sombra se elevaba
en su respiración, tenía nombre,
el silenciado nombre que se grita en la sombra.

Dulce Pontes llevaba en sus manos claveles,
un círculo de pétalos abriéndose,
envolviendo sus pies descalzos y ese fuego
de donde descendía, a llamas, la silueta
de aquel enamorado de la noche.
Dos ajorcas lucía en sus tobillos,
ajorcas con campanas,
diminutas campanas que iban sonando, que iban
deletreando la sombra, que sonaban, que iban
alzando su sonido entre el compás
de las agudas sílabas. El viento
erizaba la luz de las palmeras.

Ella tenía un nombre entre los ojos,
tenía un nombre ahí, en su caja de música,
tenía un nombre, aquel
con que la mar pronuncia sus espumas,
tenía el nombre exacto de las olas,
el de la oscura noche del silencio,
el del puñal de piedra
que se clava por siempre en la memoria.

Las volutas, la danza, la noche, cascabeles,
las palmas de la gente levantándose
en las horas tangentes a los sueños.
Danzaba Dulce Pontes, ella, sólo,
trenzaba en su interior
la delgada palabra de la hoguera,
la delgada palabra de lo atávico,
la delgada palabra del violín
que se iba convirtiendo
en el perfil amado de la sombra.
Danzaba la memoria,
mientras el escenario iba llagándose
de fuegos y la falda
moviendo el oleaje de aquel fado.

Los claveles caídos,
la madera cubriéndose de enigmas,
las velas agitándose,
una mujer de largos cabellos levantando
sus ojos a la sombra,
desnuda ya del tiempo, detenida,
quemada ya en el fuego,
palpitando en el agua,
cruzando ya los aires y dejando
la tierra de sus labios
contra aquel laberinto. Sólo el fado,
el fado que era un nido de metales,
el fado que era un río torrencial
en donde la humareda
se convertía en peces, en designios,
en turbulentas olas arrastrándola
de nuevo a la memoria.

Un pájaro cruzó la noche con un faro
de luz en cada ojo.
Pero sus ojos negros eran sombra,
su perfil era sombra que, abismándose,
llegaba hasta otros labios que eran, mudos,
el oscuro lugar
donde todo gritaba, en aquel fado
que traía memoria de druidas y brujas.

Meu amor, meu amor…

La voz de Dulce Pontes se apagaba
hasta instaurar el tacto de la sombra.


Dolors Alberola
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viernes, 15 de junio de 2012

PRIMAVERA AMARILLA de Juan Ramón Jiménez





  LECTURA de ROSA IGLESIAS



PRIMAVERA AMARILLA






Abril venía, lleno
todo de flores amarillas:
amarillo el arroyo,
amarillo el vallado, la colina,
el cementerio de los niños,
el huerto aquel, donde el amor vivía.

El sol ungía de amarillo el mundo,
con sus luces caídas;
¡ay, por los lirios áureos,
el agua de oro, tibia;
las amarillas mariposas
sobre las rosas amarillas!

Guirnaldas amarillas escalaban
los árboles; ¡el día
era una gracia perfumada de oro,
en un dorado despertar de vida!

Entre los huesos de los muertos
abría Dios sus manos amarillas


Juan Ramón Jiménez


Música de Joan Sebastián
( Guitarras de Luna)


jueves, 7 de junio de 2012

SIN ESPERA de Hilda Roccia





LECTURA de ROSA IGLESIAS





SIN ESPERA







Ni siquiera el ánfora sofocó tus duendes
de retazos,
ni el cuarto espejado se veló con el silencio.
La sinfonía creyó ser ausencia de otros tiempos
y el tiempo,
fue un lacayo soberbio del vocablo.
Nada percibí hasta que tu pluma sangró,
y sangró en aquel libro,
con versos de labios somnolientos.
Y fui química en tus betas de arrayanes
para acentuarme en los ramales con el grito.



Me abreviaste a tu cintura de bengala
cuando la luna de aluminio se lucía,
y si fui mujer y hiedra, no lo supe
porque precoz,
-sin anunciarse-
cayó a mi lado tu espíritu de árbol.
No esperé que se ahuyentaran
los soles cabriolados,
y te ligué a mi vientre de aventura.
El corazón se agitó, surgente púrpura,
como guarida indecente de sultanes.



Alud, la cosecha por parir…
y fuiste agosto,
en mi estuario de níquel escarlata





Hilda Roccia



Música de Astor Piazzola