sábado, 24 de abril de 2010

APRENDIENDO A LEER...de Mari Cruz Vega

LEÍDO por ROSA IGLESIAS




APRENDIENDO A LEER





Estoy aprendiendo a leer
este libro de la vida.
El rostro desencajado de la angustia,
la mirada que se desvía de la mía
cargada con la tinta de la mentira,
la sonrisa triste de un niño.
Estoy aprendiendo a leer
la amargura del desamparado,
el caminar cansado,
sin horizonte, del que ya no espera nada.
El vagabundo, cuyo único ropaje
es su tabaco, una sombra
o una guitarra para acompañar su soledad.
Estoy aprendiendo a leer
al que mucho posee y aún quiere más,
el llanto amargo de esas vidas vacías,
leo esas páginas en blanco
donde sólo hay sueños rotos,
amores perdidos
y caminos andados hacia atrás.
Este libro de la vida
tiene muchas faltas de ortografía,
pero no encuentro diccionario
para poder corregirlas.
Si alguien lo encuentra,
por favor que me lo preste.



Mari Cruz Vega

lunes, 19 de abril de 2010

SOLILOQUIO DEL FRÍO...de André Cruchaga




LEÍDO por ROSA IGLESIAS




SOLILOQUIO DEL FRÍO


Escribir poesía es abrirse camino en uno mismo.

MARINA TSVETÁIEVA





Escribir siempre es una rareza. Leer también es una rareza.
Platicar con sinceridad es una rareza
Valen más mis perros que las pústulas de ciertas miradas.
A mis perros siempre les doy el beneficio de la duda:
Ellos saben que hay lealtad mutua y no afecto inmerecido.
Salvo excepciones, uno se vuelve serpiente en nido de serpientes.
También en los funerales se ven bestias con montura.
El absurdo nos da las fotografías del contrasentido.
Pobre el olvido que se vuelve astillero de herrumbre.
Pobres los pobres de conciencia, los que flotan en labios ajenos.
Cuando escucho la palabra amor pienso en las moscas sobre las latas
De soda. Cuando me hablan de Dios, pienso en los cementerios:
Es la palabra más dudosa que conozco en los fetos.
Mi poesía tiene que ver mucho con Aristófanes, pero no con todos
Los clásicos. Hay caras como mesones que inspiran lástima,
Con todo y lo respetable que son los mesones.
Muchos viven en el infierno y desde ahí destilan veneno.
Algunos son alacranes y tarántulas.
Otros simplemente esqueletos. Otros simplemente cementerios.
Cuando uno escribe muerden las palabras.
La Santísima Trinidad mantiene a flote muchas sábanas sucias.
A menudo el moho cerebral legitima las conciencias oscuras.
En las esquinas ciegas de los establos, las ovejas ciegas.
Resulta que sólo el viaje al más allá es memorable.
Resulta una pérdida de tiempo hablar de la felicidad entre ciertos
Enjambres de avispas.
Desde la poesía veo los silbidos agonizantes de los espejos.
La contrariedad no siempre es la contrariedad dialéctica.
—Usted y yo sabemos de la hipocresía que nos rodea. De las semanas
Inconfortables de veneno.
A la luz de la luz nos depredan la inteligencia y muerden el afrecho
De San Antonio del Monte, y el Cristo azul de las bienandanzas.
A la luz de la luz rompen la garganta.
A la luz de la luz el guante derramado sobre las pupilas.
A oscuras es más horrible la tiniebla del alma.
No sé si el silencio en la mesa sea mejor que el del púlpito.
No sé si la noche pueda tragarse la lágrima falsa de los malhechores.
Espero que la razón sea la inmaculada algún día, no el fermento
De la esquizofrenia, no el oído de las agujas,
No el hip hop de la sombra estrafalaria, no la sarna en los días felices,
No la mala leche de los criminales investidos frac,
No el reptil abriendo las venas, no el pus locuaz declarando
La guerra contra el sano paisaje de los jardines…




Barataria, 17.IV.2010

André Cruchaga





LLEGIT per ROSA IGLESIAS




SOLILOQUI DEL FRED
(Traduït per Pere Bessó)


Escribir poesía es abrirse camino en uno mismo.

MARINA TSVETÁIEVA





Escriure sempre és una raresa. Llegir també és una raresa.
Enraonar amb sinceritat és una raresa
Valen més els meus gossos que les pústules de certes mirades.
Als meus gossos sempre els done el benefici del dubte:
Ells saben que hi ha lleialtat mútua i no afecte immerescut.
Llevat d’excepcions, un es torna serpent en niu de serpents.
També en les exèquies es veuen bèsties amb muntura.
L’absurd ens dóna les fotografies del contrasentit.
Pobre l’oblit que es torna drassana de rovell.
Pobres els pobres de consciència, els que floten en llavis aliens.
Quan escolte la paraula amor pense en les mosques damunt de les llandes
De soda. Quan em parlen de Déu, pense en els cementeris:
És la paraula més dubtosa que conec en els fetus.
La meua poesia té molt a veure amb Aristófanes, però no amb tots
Els clàssics. Hi ha cares com fondes que inspiren llàstima,
Per molt respectables que siguen les fondes.
Molts viuen a l’infern i des d’ací destil·len verí.
Alguns són aliacrans i tarántules.
D’altres senzillament esquelets. D’altres senzillament cementeris.
Quan un escriu mosseguen les paraules.
La Santíssima Trinitat manté a flot molts llençols bruts.
Sovint el florit cerebral legitima les consciències fosques.
Als cantons cecs de les estaules, les ovelles cegues.
S’esdevé que només el viatge al més enllà és memorable.
S’esdevé una pèrdua de temps parlar de la felicitat entre certs
Eixams d’avispes.
Des de la poesia veig els xiulits agonitzants dels espills.
La contrarietat no sempre és la contrarietat dialèctica.
—Vosté i jo coneixem la hipocresia que ens envolta. De les setmanes
Inconfortables de verí.
A la llum de la llum ens depreden la intel·ligència i mosseguen el segó
De Sant Antoni del Mont, i el Crist blau de les benandances.
A la llum de la llum trenquen la gola.
A la llum de la llum el guant vessat damunt de les ninetes.
A les fosques és més horrible la tenebra de l’ànima.
No sé si el silenci a taula és millor que el de la trona.
No sé si la nit pot engolir-se la llàgrima falsa dels malfactors.
Espere que la raó siga la immaculada algun dia, no el ferment
De l’esquizofrènia, no l’oïda de les agulles,
No el hip hop de l’ombra estrafalària, no la ronya en els dies feliços,
No la mala llet dels criminals investits de frac,
No el rèptil obrint les venes, no el pus loquaç declarant
La guerra contra el paisatge sa dels jardins…



Baratària, 17.IV.2010

André Cruchaga

domingo, 18 de abril de 2010

LA HIEDRA ...de Inmaculada Jiménez Montero




LEÍDO por ROSA IGLESIAS




LA HIEDRA





Crucé la calle con su mano en mi cintura.
Noté los dedos en el talle de mi gastada falda.
Un giro de trescientos sesenta grados en mi cuerpo
y toda la ilusión, vendida en un segundo.

Crucé la puerta caoba, como el color de su pelo,
como el color de sus ojos y la caja donde guardo
mis suspiros quebrados.

El ángulo muerto de las esquinas, siempre me acompaña,
no puedo ver,
siempre me pierdo…..
en el umbral de un arcada, en el principio de un charco,
en la orilla sin olas, en los botones de tu blusa,
en los besos desparramados,
en tus manos cuando me aprietan…
y en los ojos de mil extraños.

Me invento el nombre de un deseo.
Quisiera ser garduña de tus pensamientos más estrafalarios,
de tus plegarias y tus invocaciones al sol.

Entrar por tu ventana cuando no estás
y llevarme a mi alcoba tu cromático aliento.
Poner mi boca, en el borde de tu mismo vaso
y tragar lentamente lo que me robaste.

Enredarme entre tus piernas templadas
con sabor a sal y melaza.
Un manto de calas, me tapará la vergüenza esta mañana.

Descanso en el lomo de un espino
convertida en estalagmita,
para vivir en lo alto de una roca.

Ópalo confundido en mil razones,
apretando los dientes mientras camino a tu lado.

En las profundas aguas de tu silencio me duermo
y deambulo por las esquinas buscándote.
Esquinas, llenas de puntos muertos y báculos temblorosos.
Tropiezo con la hiedra de mis huesos
y poco a poco te voy enredando en el crepúsculo de tus días.

Ya te dije, que mi falda caerá por los suelos
y tendré tus dedos en mi cintura,
tu pelo en mi hombro, mi enagua en tu primavera,
mis muslos en tu boca y tu silencio en mis noches.

¿Quién quiere mis cuatro esquinas,
llenas de puntos muertos ?


Inmaculada Jiménez Montero

jueves, 8 de abril de 2010

GÉNESIS... de María García Romero




LEÍDO por ROSA IGLESIAS




GÉNESIS





Desde Estaca de Bares hasta la Punta de Tarifa,
llegó un hombre con los bolsillos llenos de oro viejo
y sus ojos marinos ahumados por la muerte.
En la aurora cercana se gestaba,
una revolución de sueños y de flores:
París, El Trocadero, desde su rosa medieval es y sería
el jardinero de Mayo y su utopía.

Bajo un cielo prestado
el corazón de escasa primavera
de forma prematura envejecía,
en la pobreza hostil
en la melancolía de blancuras
en el aliento helador
del cierzo en los octubres.

Sonaba el oboe
y la voz de un tenor
dulcificando la tarde,
-el agobio de cuatro paredes para un pájaro-
era Haendel, oratorio sublime
que desmayaba el alma con sus notas...

Dónde llora la vergüenza
el estupor de un niño
que en sus huesos esconde
el raro mapa
de Floridablanca y de Javier de Burgos?...
En su garganta el verbo es expoliado
y en su sangre antigua y milenaria,
el duende se despierta
con su brío mistérico e imparable.
Ay, ay, la vieja Andalucía
por sus ojos de tierra mira el Mundo.

Aquél hombre que vino desde Estaca de Bares,
los ecos libertarios
donde no tuve oídos,
ni edad, ni presente.
Aquella metamorfosis dolorosa y vibrante,
ese ciempiés de plata que surgió de los libros;
ese limo inmortal
ese número áureo,
ese lirio de mar de genes inauditos...
Todo, todo sombras chinescas
estériles intentos:
Sigo cazando a oscuras
en medio de los campos,
en la verde dehesa
junto a mi blanco Pueblo.



María García Romero.

lunes, 5 de abril de 2010

ME ACARICIA TU VOZ...de Carmen Calvo




LEÍDO por ROSA IGLESIAS




ME ACARICIA TU VOZ




Mientras Machado y Federico estrechaban
sus manos por primera vez,
tú llegabas al mundo como un dulce presagio.
Rubén había abandonado para siempre
sus dudas existenciales;
¡Y no saber a donde vamos, ni de donde venimos!
-Decía-
Y mientras sonaba un piano,
él, (Federico), soñaba con París;
Un sueño que fue muriendo poco a poco
entre las nubes de Granada.
Te recibió empapada la mañana
igual que a Blas de Otero un día antes,
y la vida barruntaba en su delirio
una generación de bardos locos,
inigualables hombres, como tú.
Tú, poeta de oficio y afición,
lascivo de paisajes y tibias lunas.
Tú, andariego de quimeras,
zahorí de mi futuro y mi leyenda,
me trajiste su nombre, sus versos de jazmín
y verbena, su canción de noche negra,
y dejaste plantada en mi alma cual semilla,
una frase, tan hermosa, tan bella!!
“ La única patria verdadera es la patria del amor
y de la igualdad “
Así, mi corazón late, trémulo de amor; Loco!!
Así beso sus versos, como beso tu nombre, Padre,
en cada despertar a la vida, en los pasos regios
que yacen olvidados en mi sangre.
Te beso, Padre,
y me acaricia tu voz declamando,
tu voz hecha tango y milonga...Tu voz....


Carmen Calvo

sábado, 3 de abril de 2010

MUCHA DE AQUELLA SOLEDAD...de Maritza Tarre Murzi.





LEÍDO por ROSA IGLESIAS




MUCHA DE AQUELLA SOLEDAD
(Reencuentros)






Será que el corazón
se me volvió
de espuma
y todo aquel
arrebato encarnizado
se me fue haciendo
débil,
transparente
y de valientes
cuchillos
aguzados,
solo me queda
hoy
una dulce barrera
de astros
y claveles
y que muchas tristezas
se fueron
tropezando con la lluvia
y que mucha de aquella
soledad
se ha vuelto loca
viene y se va
cuando le da
la gana
y que de tanto
andar
por los caminos
las suelas de
mis pies
ya se me han
roto
y los encuentro
cansados
y será que conozco
a tanta gente
que me asalta
un temor
a confidencias
y que aquella lejana
costumbre
de mirar
más allá
de lo que veo
y fatalmente
resulta
que he acertado
y será que se ha hecho
más estrecho
mi espacio
y me siento
en momentos
confundida
por mi estrecho
camino y siento
que me voy
por los perfiles
y vivo en un eterno
equilibrio
y sospecho
y me doy media vuelta
sonriendo;
pero mi corazón
cabeza gacha,
pretende
detener su latido
y siento que la vida
ya me cansa
y todo
se me escapa
por el costado
de mi mano
derecha
y siento que el destino
de todos
los poetas
es cerrar
su camino
en el momento
preciso
en que se una
el círculo
y solo quede
el punto final
que era la vida.


Maritza Tarre Murzi.

CARTA AL PRESIDENTE DE LOS EE.UU...de Joseph Seattle


LEÍDO por ROSA IGLESIAS




Carta del Jefe Indio Seattle de la tribu Suwamish
al presidente de los Estados Unidos (1855)


Versión de Ted Perry, libretista de televisión en 1970





El Gran Jefe Blanco de Wáshington ha ordenado hacernos saber que nos quiere comprar las tierras. El Gran Jefe Blanco nos ha enviado también palabras de amistad y de buena voluntad. Mucho apreciamos esta gentileza, porque sabemos que poca falta le hace nuestra amistad. Vamos a considerar su oferta pues sabemos que, de no hacerlo, el hombre blanco podrá venir con sus armas de fuego a tomar nuestras tierras. El Gran Jefe Blanco de Wáshington podrá confiar en la palabra del jefe Seattle con la misma certeza que espera el retorno de las estaciones. Como las estrellas inmutables son mis palabras.
¿Cómo se puede comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? Esa es para nosotros una idea extraña.
Si nadie puede poseer la frescura del viento ni el fulgor del agua, ¿cómo es posible que usted se proponga comprarlos?

Cada pedazo de esta tierra es sagrado para mi pueblo. Cada rama brillante de un pino, cada puñado de arena de las playas, la penumbra de la densa selva, cada rayo de luz y el zumbar de los insectos son sagrados en la memoria y vida de mi pueblo. La savia que recorre el cuerpo de los árboles lleva consigo la historia del piel roja.

Los muertos del hombre blanco olvidan su tierra de origen cuando van a caminar entre las estrellas. Nuestros muertos jamás se olvidan de esta bella tierra, pues ella es la madre del hombre piel roja. Somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas; el ciervo, el caballo, el gran águila, son nuestros hermanos. Los picos rocosos, los surcos húmedos de las campiñas, el calor del cuerpo del potro y el hombre, todos pertenecen a la misma familia.

Por esto, cuando el Gran Jefe Blanco en Wáshington manda decir que desea comprar nuestra tierra, pide mucho de nosotros. El Gran Jefe Blanco dice que nos reservará un lugar donde podamos vivir satisfechos. Él será nuestro padre y nosotros seremos sus hijos. Por lo tanto, nosotros vamos a considerar su oferta de comprar nuestra tierra. Pero eso no será fácil. Esta tierra es sagrada para nosotros. Esta agua brillante que se escurre por los riachuelos y corre por los ríos no es apenas agua, sino la sangre de nuestros antepasados. Si les vendemos la tierra, ustedes deberán recordar que ella es sagrada, y deberán enseñar a sus niños que ella es sagrada y que cada reflejo sobre las aguas limpias de los lagos hablan de acontecimientos y recuerdos de la vida de mi pueblo. El murmullo de los ríos es la voz de mis antepasados.

Los ríos son nuestros hermanos, sacian nuestra sed. Los ríos cargan nuestras canoas y alimentan a nuestros niños. Si les vendemos nuestras tierras, ustedes deben recordar y enseñar a sus hijos que los ríos son nuestros hermanos, y los suyos también. Por lo tanto, ustedes deberán dar a los ríos la bondad que le dedicarían a cualquier hermano.

Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestras costumbres. Para él una porción de tierra tiene el mismo significado que cualquier otra, pues es un forastero que llega en la noche y extrae de la tierra aquello que necesita. La tierra no es su hermana sino su enemiga, y cuando ya la conquistó, prosigue su camino. Deja atrás las tumbas de sus antepasados y no se preocupa. Roba de la tierra aquello que sería de sus hijos y no le importa.

La sepultura de su padre y los derechos de sus hijos son olvidados. Trata a su madre, a la tierra, a su hermano y al cielo como cosas que puedan ser compradas, saqueadas, vendidas como carneros o adornos coloridos. Su apetito devorará la tierra, dejando atrás solamente un desierto.
Yo no entiendo, nuestras costumbres son diferentes de las suyas. Tal vez sea porque soy un salvaje y no comprendo.

No hay un lugar quieto en las ciudades del hombre blanco. Ningún lugar donde se pueda oír el florecer de las hojas en la primavera o el batir las alas de un insecto. Mas tal vez sea porque soy un hombre salvaje y no comprendo. El ruido parece solamente insultar los oídos.

¿Qué resta de la vida si un hombre no puede oír el llorar solitario de un ave o el croar nocturno de las ranas alrededor de un lago? Yo soy un hombre piel roja y no comprendo. El indio prefiere el suave murmullo del viento encrespando la superficie del lago, y el propio viento, limpio por una lluvia diurna o perfumado por los pinos.

El aire es de mucho valor para el hombre piel roja, pues todas las cosas comparten el mismo aire, el animal, el árbol, el hombre, todos comparten el mismo soplo. Parece que el hombre blanco no siente el aire que respira. Como una persona agonizante, es insensible al mal olor. Pero si vendemos nuestra tierra al hombre blanco, él debe recordar que el aire es valioso para nosotros, que el aire comparte su espíritu con la vida que mantiene. El viento que dio a nuestros abuelos su primer respiro, también recibió su último suspiro. Si les vendemos nuestra tierra, ustedes deben mantenerla intacta y sagrada, como un lugar donde hasta el mismo hombre blanco pueda saborear el viento azucarado por las flores de los prados.

Por lo tanto, vamos a meditar sobre la oferta de comprar nuestra tierra. Si decidimos aceptar, impondré una condición: el hombre blanco debe tratar a los animales de esta tierra como a sus hermanos.

Soy un hombre salvaje y no comprendo ninguna otra forma de actuar. Vi un millar de búfalos pudriéndose en la planicie, abandonados por el hombre blanco que los abatió desde un tren al pasar. Yo soy un hombre salvaje y no comprendo cómo es que el caballo humeante de hierro puede ser más importante que el búfalo, que nosotros sacrificamos solamente para sobrevivir.

¿Qué es el hombre sin los animales? Si todos los animales se fuesen, el hombre moriría de una gran soledad de espíritu, pues lo que ocurra con los animales en breve ocurrirá a los hombres. Hay una unión en todo.

Ustedes deben enseñar a sus niños que el suelo bajo sus pies es la ceniza de sus abuelos. Para que respeten la tierra, digan a sus hijos que ella fue enriquecida con las vidas de nuestro pueblo. Enseñen a sus niños lo que enseñamos a los nuestros, que la tierra es nuestra madre. Todo lo que le ocurra a la tierra, le ocurrirá a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen en el suelo, están escupiendo en sí mismos.

Esto es lo que sabemos: la tierra no pertenece al hombre; es el hombre el que pertenece a la tierra. Esto es lo que sabemos: todas las cosas están relacionadas como la sangre que une una familia. Hay una unión en todo.

Lo que ocurra con la tierra recaerá sobre los hijos de la tierra. El hombre no tejió el tejido de la vida; él es simplemente uno de sus hilos. Todo lo que hiciere al tejido, lo hará a sí mismo.

Incluso el hombre blanco, cuyo Dios camina y habla como él, de amigo a amigo, no puede estar exento del destino común. Es posible que seamos hermanos, a pesar de todo. Veremos. De una cosa estamos seguros que el hombre blanco llegará a descubrir algún día: nuestro Dios es el mismo Dios.

Ustedes podrán pensar que lo poseen, como desean poseer nuestra tierra; pero no es posible, Él es el Dios del hombre, y su compasión es igual para el hombre piel roja como para el hombre piel blanca.
La tierra es preciosa, y despreciarla es despreciar a su creador. Los blancos también pasarán; tal vez más rápido que todas las otras tribus. Contaminen sus camas y una noche serán sofocados por sus propios desechos.

Cuando nos despojen de esta tierra, ustedes brillarán intensamente iluminados por la fuerza del Dios que los trajo a estas tierras y por alguna razón especial les dio el dominio sobre la tierra y sobre el hombre piel roja.

Este destino es un misterio para nosotros, pues no comprendemos el que los búfalos sean exterminados, los caballos bravíos sean todos domados, los rincones secretos del bosque denso sean impregnados del olor de muchos hombres y la visión de las montañas obstruida por hilos de hablar.

¿Qué ha sucedido con el bosque espeso? Desapareció.

¿Qué ha sucedido con el águila? Desapareció.

La vida ha terminado. Ahora empieza la supervivencia.


FIN

jueves, 1 de abril de 2010

DE NOCHE...de Gabriel Celaya

LEÍDO por ROSA IGLESIAS




DE NOCHE





Y la noche se eleva como música en ciernes,
y las estrellas brillan temblando de extinguirse,
y el frío, el claro frío,
el gran frío del mundo,
la poca realidad de cuanto veo y toco,
el poco amor que encuentro,
me mueven a buscarte,
mujer, en cierto bosque de latidos calientes.

Sólo tú, dulce mía,
dulce en los olores de savia espesa y fuerte,
sin palabras, muy cerca, palpitando conmigo,
sólo tú eres real en un mundo fingido;
y te toco, y te creo,
y eres cálida y suave matriz de realidades,
amante, amparo, madre,
o peso de la tierra que sólo en ti acaricio,
o presencia que aún dura cuando cierro los ojos,
fuera de mí, tan bella.



Gabriel Celaya